lunes, 12 de octubre de 2009

La historia del punto de cruz

Es una historia muy antigua que se pierde en la noche de los tiempos. ¿Quien pensó por primera vez en cruzar dos hilos y después unir muchas crucecitas para formar un dibujo? probablemente una mujer, ¿pero cuándo? ¿y dónde? Los fragmentos más antiguos hallados en yacimientos arqueológicos de Egipto en el 500 a.dC. o en Asia Central en le  850 d.C., donde el punto de cruz está muy difundido, sobre todo para bordar los traje regionales.

Pero de llegarse a nuestro Medievo para comenzar a relatar una historia cierta y probada.
Cierto y probado es que entre los siglos XC y XIII las castellanas, en sus i nterminables esperas, copiando en punto de cruz los motivos de las alfombras para sus hombres, ente una y otra cruzada, traían de Oriente. ¿También la técnica del punto de cruz llegó a Asia junto con las alfombras? Es una suposición posible.
Los bordados eran ribetes ornamentales, obviamente geométricos, para dobladillos y mangas de trajes masculinos y femeninos.

En el Renacimiento el punto de cruz se difunde en toda Europa, se convierte en una de las bases de la educación femenina, favorita de la iglesia, para su propios trajes y adornos, de bordado de todo tipo. En el Renacimiento nace el sampler, marquoir o muestrario. En los paises anglosajones se le denomina sampler dle latín exemplum, es decir ejemplo; en Francia, marquoir, de punto de marca, o sea para rubricar con una inicial la ropa blanca.
Entre nosotros se llama muestrario, de "muestra" o "modelo". Los muestrarios quedan en el patrimonio familiar y se transmiten de de generación en generación, acumulándose y llegando a formar una verdadera "enciclopedia" que se consulta para encontrar el motivo más adecuado a la labor del momento. Los encontramos mencionados hasta en las obras de Shakespeare como objetos difundidos y de uso común. Casi siempre son de lino, bodados con hilos de seda o de lana, con frecuencia del mismo color de la tela, porque el algodón es aún muy raro en Europa.

En el 1500 comienzan a circular los primeros "diagramas" impresos. Vienen sobre todo de Alemania e Italia, y en el 1586 se publica en Francia un librito "La clef des champs", con motivos de flores y de animales estilizados insperidos en Oriente y en los símbolos heráldicos. En el 1600 estallan la "revolución roja", una revolución absolutamente pacífica por la llegada a Europa, provenientes de tierras de América, de nuevos colores naturales, económicos y fáciles de usar, que permiten teñir los hilos de rojo.

En 1700 los dibujos se ennoblecen y complican, haciéndose no más estilizados sono más realistas, y en la segunda mitad del siglo aparecen los primeros "paisajes". Llegados al siglo XIX, la "edad de oro" del punto de cruz, que se ve favorecido por el desarrollo de la industria textil, por la difusión de revistas femeninas y, en particular, de los diagrmas coloreados a mano sobre una base cuadriculada producidos en las tipografías de Berlín.
El Romanticismo imprente influye en las elección de los temas, de las frases traladadas a los muestrarios y de los colores. Se producen por primera vez los cañamazos Penelope, que con su trama particular animan a bordar incluso en medio punto y petit point, parientes mas cercanos del punto de cruz, este bordado "tapicería" tendrá una difusión excepcional, particularmente en la Inglaterra de la Reina Victoria.

En 1886, Thérèse de Dillmont, aristócrata vienesa ya entonces miembro de la Academia del Bordado de la emperatriz María Teresa y fundadora de una escuela de bodado con taller y publicaciones, se asocia con Jean Dollfus, gran empresario textil cuyo establecimiento DMC, perdura aún en estos días.
Materiales, diagramas y hasta la enciclopedia de Thérèse entran en cada casa de Europa y de Estados Unidos, donde mujeres e hijas de inmigrantes han llevado la pasión por el punto de cruz. De repente deja de estar de moda, desaparece de los ajueres. A comienzos del siglo XX, las mujeres prefieren otros puntos libres que permiten copiar las volutas y las florecillas de los motivos Liberty, y se inici además la moda de los adornos aplicados que durará, con altibajos, hasta la segunda guerra mundial.

Después de muchos años de olvido llegaron los años ochenta, y nuevamente se producen flechazo y amor por el punto de cruz. Vuelve a reaparecer, volviendo a entrar en nuestra cultura con todos los honres y dando testimonio, como en los siglos anteriores, de costumbres, tradiciones, estado de ánimo y evoluciones.